Por: Arturo De La Cruz. 02 de junio de 2013
El pasado 1ro° de junio de 2013 entró la denominada
temporada ciclónica, cuya influencia estará gravitando en la región del Caribe
hasta el 30 de noviembre, 6 meses de inestabilidad climatológica con
manifestación de precipitaciones atmosféricas extremas, tormentas eléctricas,
inundaciones y vientos huracanados; al respecto las entidades científicas
que se
dedican al estudio de estos
fenómenos naturales han pronosticado una intensa actividad para este año. Según
las fuentes especializadas en la materia, para nuestra región que se encuentra
entre los 10-20°N y los 60-88°W, se tienen las siguientes previsiones:· Número de huracanes previstos: 6
· Número de días de tormentas previstos: 64
· Número de días de huracanes previstos: 20
· Previsiones de huracanes de categoría 3 o mayor: 90%
De
igual modo, se prevé que la probabilidad de que un huracán de fuerza mayor
toque tierra en el Caribe sea de 42%. (La probabilidad promedia a largo plazo
es de 75%), cuyos nombres se describen a
continuación:
1. Andrea, 8. Humberto, 15. Olga,
2. Barry, 9. Ingrid, 16. Pablo,
3. Chantal, 10. Jerry, 17. Rebekah,
4. Dorian, 11. Karen, 18. Sebastien,
5. Erin, 12. Lorenzo, 19. Tanya,
6. Fernand, 13. Melissa, 20. Van,
7. Gabrielle, 14. Néstor 21. Wendy
De acuerdo con NOAA, las cantidades de fenómenos atmosféricos se verán incrementadas en esta temporada muy por encima del promedio estacional cuya tasa es de 12 tormentas, 6 huracanes y 3 huracanes mayores (categoría 3, 4, 5). Segun esta fuente en 2013 se registraran, entre 13 y 20 tormentas, lo que supone un incremento de hasta un 66%, en cuanto a los huracanes se estiman entre 7 y 11 para un incremento de hasta un 83%, finalmente en la temporada se prevén entre 3 y 6 huracanes mayores, lo que infiere un incremento del orde de un 100%.
¿Qué
hacer ante un panorama tan catastrófico que pudiera alterar la vida de una
nación? Al respecto no basta rezar, debemos de prepararnos como sociedad que
dispone de medios de comunicación para
concienciar a sus habitantes de manera tal que el impacto sea lo menos
gravoso posible. En ese sentido, ya las autoridades han activado el Comité Nacional
de Emergencia, aglutinamiento interinstitucional del estado que hasta la fecha
se limita a manejar el desastre dejado por los fenómenos que ocurren, siendo su
acción en términos de prevención
precariamente efectiva. En tanto que en el sector privado, sólo la industria aseguradora como
grupo económico acciona todo un tinglado de operaciones orientadas a prevenir.
No percibimos publicidad de las asociaciones empresariales orientando a la sociedad ni a sus miembros en ese sentido, a menos que se haga
de la puerta hacia dentro.
En
este momento de previsiones negativas, la clave es la prevención, que no
es más
que la disposición que se hace de forma anticipada para minimizar un
riesgo. El objetivo de prevenir es lograr que un perjuicio eventual no se
concrete o se amortigüe; por consiguiente, el dicho popular, “vale más prevenir
que lamentar” tiene gran significación.
De esta definición se extraen dos
conceptos, uno que el riesgo no se
concrete y el otro es que se amortigüe, siendo el primero imposible de evitar, en tanto que el segundo
si lo podemos controlar, veamos:
No podemos
evitar que se produzcan los
huracanes, sin embargo su impacto en término material si podemos
aminorarlo, para ello debemos crear los comité de seguridad industrial e
higiene laboral dentro de nuestras organizaciones, revisar políticas y dotarlos
de las herramientas, recursos e informaciones necesarias con todo un cronograma
de acciones que abarquen qué hacer antes,
durante y después del evento mediante un efectivo plan de contingencia.
De igual modo la administración, que debe formar
parte de ese comité, junto con su gerencia de riesgo,
el departamento financiero y su asesor en materia de seguros, deben revisar las
pólizas, los valores expuestos, las
sumas aseguradas, las coberturas garantizadas hasta ese momento y una
predicción de las pérdidas máximas probables y las pérdidas máximas posibles, a
fin de evitar sorpresas negativas al momento de presentar una reclamación por
un siniestro registrado en sus bienes.
Los riesgos son latentes y su transferencia es la
mejor manera de enfrentarlos; ahora bien, ¿puede usted transferir sus instalaciones
físicas hacia una región geográfica
fuera del ámbito de los 10-20°N y los 60-88°W para evitar el impacto de un
huracán? Claro que no, entonces transfiera ese riesgo y sus consecuencias negativas
a otros, para eso existen las entidades
aseguradoras con respaldo de grupos de reaseguros que garantizan una efectiva
dispersión de riesgo y lo que es más importante una oportuna aportación de
capital en el momento en que usted se ha convertido en un damnificado.
Al
Estado Dominicano le decimos, que existen programas de seguros que se aplican perfectamente
a la protección de sus bienes, verbigracia: puente, carretera, edificaciones y
presas etc., que no sigas apostando a la
voluntad de la protectora Higüeyana, porque en materia de manifestación de las fuerzas
de la naturaleza no basta rezar, hacen falta muchas cosas para conseguir la paz,
como dice la canción de los guaraguaos; y esas otras muchas cosas son la
objetividad administrativa, la transferencia de riesgo y un buen programa de seguros
para las obras civiles terminadas, con
lo cual estaríamos todos de acuerdo y en paz. Que se convoque una licitación
pública nacional a los fines de que se aseguren los bienes del pueblo.
Para
ello existen las denominadas póliza de
obras civiles terminadas, de las cuales se transcriben a groso modo algunas de sus características,
veamos: ”indemnizará
al asegurado en la forma y hasta los límites estipulados y durante el período
del seguro o durante otros períodos sucesivos por los que el asegurado abonó la
prima correspondiente, todos los daños o pérdidas que los bienes asegurados
o partes de los mismos sufran a causa de un siniestro súbito e imprevisto
en forma tal que exijan la reparación o reposición de los bienes asegurados o
de sus partes. La cobertura operará cuando dichos daños o pérdidas sean
causados por:
Ø incendio,
impacto de rayo, explosión, colisión de vehículos terrestres o
embarcaciones acuáticas;
Ø caída de
aviones u otras naves aéreas o caída de objetos de los mismos;
Ø terremoto,
volcanismo, tsunami (ola sísmica);
Ø viento
huracanado (movimientos del aire superiores a la intensidad 8 de la escala
Beaufort);
Ø avenida o
inundación, acción de las olas o de aguas;
Ø hundimiento
del terreno, corrimiento de tierra, caída de rocas u otros movimientos de la
tierra;
Ø helada,
aludes, hielo;
Ø vandalismo
de personas aisladas.”
De
acuerdo con un artículo publicado en la web por Luis
Meneses, Engineering Manager Latin América SwissR, unos de los grupos de reaseguros
que más respalda al sector
asegurador Dominicano, tenemos que: “hoy
en día países como México y Chile tienen permanentemente asegurada gran parte
de su infraestructura, construida y en proceso de construcción, con el fin de
transferir al sector privado y a los mercados de capitales algunos de los
riesgos (especialmente los de la naturaleza) que de otra manera deberían ser
absorbidos por las arcas del estado. De esta forma, estos países no sufren de
la potencial carnavalización de los recursos fiscales que las grandes
catástrofes traen consigo y que en algunos casos llevan a nuevos endeudamientos
o a la creación de impuestos especiales para la reconstrucción”.
La
República Dominicana está compelida a formar parte de ese grupo de países con mentalidad previsora,
debido a que tiene la amenaza constante de que ocurran fenómenos naturales
de manifestación extraordinaria, y, su maltrecha economía no admite más
desaciertos administrativos para enfrentar situaciones que pueden perfectamente
ser previsibles y presupuestables. Manos a la obra con el aseguramiento del
patrimonio nacional.
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