lunes, 3 de junio de 2013

Antes, durante y después de un huracán

Por: Arturo De La Cruz. 02 de junio de 2013

El pasado 1ro° de junio de 2013 entró la denominada temporada ciclónica, cuya influencia estará gravitando en la región del Caribe hasta el 30 de noviembre, 6 meses de inestabilidad climatológica con manifestación de precipitaciones atmosféricas extremas, tormentas eléctricas, inundaciones y vientos huracanados; al respecto las entidades científicas que  se  dedican al estudio de estos  fenómenos naturales han pronosticado una intensa actividad para este año. Según las fuentes especializadas en la materia, para nuestra región que se encuentra entre los 10-20°N y los 60-88°W, se tienen las siguientes previsiones:

· Número de tormentas previstas: 12
· Número de huracanes previstos: 6
· Número de días de tormentas previstos: 64
· Número de días de huracanes previstos: 20
· Previsiones de huracanes de categoría 3 o mayor: 90%


De igual modo, se prevé que la probabilidad de que un huracán de fuerza mayor toque tierra en el Caribe sea de 42%. (La probabilidad promedia a largo plazo es de 75%), cuyos nombres  se describen a continuación:

1. Andrea,                                  8. Humberto,                    15. Olga,
2. Barry,                                    9. Ingrid,                          16. Pablo,
3. Chantal,                                10. Jerry,                           17. Rebekah,
4. Dorian,                                 11. Karen,                          18. Sebastien,
5. Erin,                                     12. Lorenzo,                       19. Tanya,
6. Fernand,                               13. Melissa,                        20. Van,
7. Gabrielle,                              14. Néstor                          21. Wendy

De acuerdo con NOAA, las cantidades de fenómenos atmosféricos se verán incrementadas en esta temporada muy por encima del promedio estacional cuya tasa es de 12 tormentas, 6 huracanes y 3 huracanes mayores (categoría 3, 4, 5). Segun esta fuente en 2013 se registraran, entre 13 y 20 tormentas, lo que supone un incremento de hasta un 66%, en cuanto a los huracanes se estiman entre 7 y 11 para un  incremento de hasta un 83%, finalmente en la temporada se prevén entre 3 y 6 huracanes mayores, lo que infiere un incremento del orde de un 100%.   
                    
¿Qué hacer ante un panorama tan catastrófico que pudiera alterar la vida de una nación? Al respecto no basta rezar, debemos de prepararnos como sociedad que dispone de medios de comunicación para  concienciar a sus habitantes de manera tal que el impacto sea lo menos gravoso posible. En ese sentido, ya las autoridades han activado el Comité Nacional de Emergencia, aglutinamiento interinstitucional del estado que hasta la fecha se limita a manejar el desastre dejado por los fenómenos que ocurren, siendo su acción en términos de  prevención precariamente efectiva. En tanto que en el sector  privado, sólo la industria aseguradora como grupo económico acciona todo un tinglado de operaciones orientadas a prevenir. No percibimos publicidad de las asociaciones empresariales orientando a  la sociedad ni a sus  miembros en ese sentido, a menos que se haga de la puerta hacia dentro.

En este momento de previsiones negativas, la clave es la prevención, que no es  más  que la disposición que se hace de forma anticipada para minimizar un riesgo. El objetivo de prevenir es lograr que un perjuicio eventual no se concrete o se amortigüe; por consiguiente, el dicho popular, “vale más prevenir que lamentar” tiene gran significación. 

De esta definición se extraen dos conceptos, uno que el riesgo no se  concrete y el otro es que  se  amortigüe, siendo el primero  imposible de evitar, en tanto que el segundo si lo podemos controlar, veamos:

No  podemos evitar  que se  produzcan los  huracanes, sin embargo su impacto en término material si podemos aminorarlo, para ello debemos crear los comité de seguridad industrial e higiene laboral dentro de nuestras organizaciones, revisar políticas y dotarlos de las herramientas, recursos e informaciones necesarias con todo un cronograma de acciones que abarquen qué hacer  antes, durante y después del evento mediante un efectivo plan de contingencia.

De  igual modo la administración, que  debe formar  parte  de  ese comité, junto con su gerencia de riesgo, el departamento financiero y su asesor en materia de seguros, deben revisar las pólizas, los valores  expuestos, las sumas aseguradas, las coberturas garantizadas hasta ese momento y una predicción de las pérdidas máximas probables y las pérdidas máximas posibles, a fin de evitar sorpresas negativas al momento de presentar una reclamación por un siniestro registrado en sus bienes.

Los  riesgos son latentes y su transferencia es la mejor manera de enfrentarlos; ahora bien, ¿puede  usted transferir sus instalaciones físicas  hacia una región geográfica fuera del ámbito de los 10-20°N y los 60-88°W para evitar el impacto de un huracán? Claro que no, entonces transfiera ese riesgo y sus consecuencias negativas a otros, para eso existen las  entidades aseguradoras con respaldo de grupos de reaseguros que garantizan una efectiva dispersión de riesgo y lo que es más importante una oportuna aportación de capital en el momento en que usted se ha convertido en un damnificado.

Al Estado Dominicano le decimos, que existen programas de seguros que se aplican perfectamente a la protección de sus bienes, verbigracia: puente, carretera, edificaciones y presas etc.,  que no sigas apostando a la voluntad de la protectora Higüeyana, porque en materia de manifestación de las fuerzas de la naturaleza no basta rezar, hacen falta muchas cosas para conseguir la paz, como dice la canción de los guaraguaos; y esas otras muchas cosas son la objetividad administrativa, la transferencia de riesgo y un buen programa de seguros para las  obras civiles terminadas, con lo cual estaríamos todos de acuerdo y en paz. Que se convoque una licitación pública nacional a los fines de que se aseguren los bienes  del pueblo.

Para ello existen las denominadas  póliza de obras civiles terminadas, de las cuales se transcriben a  groso modo algunas de sus características, veamos: ”indemnizará al asegurado en la forma y hasta los límites estipulados y durante el período del seguro o durante otros períodos sucesivos por los que el asegurado abonó la prima correspondiente, todos los daños o pérdidas que los bienes asegurados  o partes de los mismos sufran a causa de un siniestro súbito e imprevisto en forma tal que exijan la reparación o reposición de los bienes asegurados o de sus partes. La cobertura operará cuando dichos daños o pérdidas sean causados por:

  Ø  incendio, impacto de rayo, explosión, colisión de vehículos terrestres o embarcaciones   acuáticas;
  Ø  caída de aviones u otras naves aéreas o caída de objetos de los mismos;
  Ø  terremoto, volcanismo, tsunami (ola sísmica);
  Ø  viento huracanado (movimientos del aire superiores a la intensidad 8 de la escala Beaufort);
  Ø  avenida o inundación, acción de las olas o de aguas;
  Ø  hundimiento del terreno, corrimiento de tierra, caída de rocas u otros movimientos de la tierra;
  Ø  helada, aludes, hielo;
  Ø  vandalismo de personas aisladas.”

De acuerdo con un artículo publicado en la web por Luis Meneses, Engineering Manager Latin América SwissR, unos de los grupos de  reaseguros  que más  respalda al sector asegurador Dominicano, tenemos que: “hoy en día países como México y Chile tienen permanentemente asegurada gran parte de su infraestructura, construida y en proceso de construcción, con el fin de transferir al sector privado y a los mercados de capitales algunos de los riesgos (especialmente los de la naturaleza) que de otra manera deberían ser absorbidos por las arcas del estado. De esta forma, estos países no sufren de la potencial carnavalización de los recursos fiscales que las grandes catástrofes traen consigo y que en algunos casos llevan a nuevos endeudamientos o a la creación de impuestos especiales para la reconstrucción”.

La República Dominicana está compelida a formar parte de ese grupo de países con mentalidad previsora, debido a que tiene la amenaza constante de que ocurran fenómenos naturales de manifestación extraordinaria, y, su maltrecha economía no admite más desaciertos administrativos para enfrentar situaciones que pueden perfectamente ser previsibles y presupuestables. Manos a la obra con el aseguramiento del patrimonio nacional.

No hay comentarios:

Publicar un comentario